Club de ciclismo MTB+ROAD.
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12 jul. 2010

Aquel anhelo

Recuerdo hace años, cuando El Madrid ganó la séptima, Maigo y yo aún vivíamos en Zaragoza, y el fin de semana siguiente a aquel miércoles de mayo volvimos a Madrid como cada quince días para reunirnos con amigos y familia. Y en una de estas reuniones le comenté a nuestro amigo David: "Joder tío, qué pasada, por fin la séptima. Cómo sufrí, cómo grité el gol,…" (por cierto, estuve dos días afónico), y terminé afirmando "… ahora ya me puedo morir tranquilo". Él me miró complaciente y me dijo: "No te equivoques, te falta un Mundial, entonces sí podrías hacerlo". Enseguida me di cuenta: tenía razón, e irremediablemente se convirtió en un anhelo de veras deseado. Y digo anhelo porque por entonces La Roja no era lo que hoy es, y ese deseo se veía como inalcanzable, bien por juego, bien por mala suerte, bien por mentalidad, por favoritismos mal entendidos,…, o por codazos a la italiana, penaltis mal tirados, goles fallados delante del portero o incluso a portería vacía, torpes manos de porteros, linieres con necesidad de gafas (aunque esto estaría aún por llegar), etc.

Pero al inicio de un verano de hace dos años, el anhelo se convirtió en sueño (recordar la entrada POR FIN), porque por fin los nuestros hacían algo grande, por méritos propios, y jugando bien, muy bien. Y hasta hoy lo han seguido haciendo.

No he querido escribir sobre el Mundial hasta que éste ha finalizado. No sé si por superstición, no sé si por alejar la ansiedad que aparece entre partido y partido, no sé si porque en realidad prefería disfrutar de lo que acontecía sin compartir, no sé si para dejar que los acontecimientos ocurrieran por sí solos al margen de mi propia realidad. El caso es que así lo preferí. Y ahora lo hago, cuando todo ha acabado aunque nunca acabe, pero no para contaros lo que ya sabéis, ni hacer crónica de los partidos disputados, ni siquiera para comentar el sufrimiento pasado, el juego en ocasiones brillante, el control de la situación, la violencia naranja, el saber competir, la maestría bosquiana. No hablaré del beso, ni del pulpo, ni de los bocazas argentinos, ni de los insufribles sonidos trompeteros. No mencionaré la paulatina y gratificante aparición de banderas patrias en balcones y ventanas, ni la alegría popular, ni la sorprendente conversión de los no creyentes, ni que esto en el fondo no nos saca de la crisis ni nos soluciona la vida. No. Únicamente compartiré con vosotros/as la inmensa alegría que sentí, siento y sentiré toda mi vida recordando el momento en que Iniesta "de mi vida" (como dijo Camacho) marcó el gol para ganar merecidamente la final. Solamente expresaré el enorme orgullo que supone poder llevar puesta una simple camiseta Roja con una estrella sobre el escudo.

El anhelo se hizo sueño, y el sueño realidad. Y como escribió Calderón: "¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son".1278696335_extras_portada_0

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